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# ¡Las personas no son el eslabón más débil, sino las heroínas de la seguridad de la información!

Por Guardian360 · 17 de octubre de 2024

Este mes es el Mes de la Ciberseguridad, y las personas volverán a oír con frecuencia que son "el eslabón más débil". Es una frase habitual que aparece en muchos artículos y presentaciones y que ya se da por sentada.

Por supuesto, las personas cometen de vez en cuando errores por descuido. Elegimos contraseñas débiles, hacemos clic en los enlaces equivocados o incumplimos las normas establecidas. Es cierto que hay casos en los que estos errores derivan en incidentes graves de seguridad de la información. Pero ¿es justo responsabilizar únicamente a las personas? Y, además, ¿es realmente razonable pensar que las personas van a poder protegerse por completo de la infinidad de ciberamenazas a las que se enfrentan a diario?

La cantidad de sistemas y aplicaciones que los trabajadores tienen que usar hoy en día es enorme. El entorno de trabajo digital es más complicado que nunca, con sistemas de correo, herramientas de gestión de proyectos, soluciones en la nube y software de seguridad entre sus muchos componentes. Aunque esto ofrece muchas oportunidades de eficiencia y colaboración, también hace muy difícil aplicar siempre las precauciones de seguridad adecuadas.

Además, muchos de estos sistemas carecen de facilidad de uso e intuición. En realidad, una sencillez de uso uniforme suele quedar en segundo plano, ya que por lo general se diseñan en torno a procesos concretos. Esto aumenta mucho la posibilidad de error humano.

Cuando algo va mal, muchas organizaciones y profesionales están dispuestos a culpar a las personas. Sin embargo, ¿es eso realmente justo? ¿No deberíamos, en cambio, fijarnos en lo difícil e inaccesible que es la tecnología que se espera que la gente use?

Por no hablar de que el número absoluto de peligros ha aumentado de forma drástica. Los ciberdelincuentes lanzan millones de ataques cada día, desde sofisticadas operaciones de ransomware hasta correos de phishing. No deberíamos esperar que el empleado medio esté preparado para gestionar riesgos de esta naturaleza, porque no lo está. Bajo presión o cansancio, incluso el especialista más hábil puede tomar sin querer la decisión equivocada.

Por tanto, es absurdo dar por hecho que las personas, sea cual sea su nivel de formación, nunca cometerán un error. Debido al enorme volumen de ataques y a las astutas estrategias que emplean los ciberdelincuentes, los errores ocurrirán inevitablemente de vez en cuando. Esto es simplemente un hecho del entorno digital contemporáneo, no una señal de debilidad.

Es hora de replantear esta postura sobre la seguridad de la información. En lugar de ver a las personas como el eslabón más débil, deberíamos reconocer que cada día que pasa sin un incidente de seguridad es un éxito, atribuible en gran medida al trabajo del personal. Las personas son la línea de defensa más importante de una organización frente a los ciberataques, y cada día que transcurre sin uno indica que su plantilla ha hecho bien su trabajo.

Reconocer y valorar a las personas por lo que son, las heroínas anónimas de la empresa, es crucial. Lo que necesitamos es un cambio de perspectiva. Tenemos que empoderar y animar a las personas en lugar de retratarlas como el eslabón más débil. Por supuesto, concienciar y ofrecer formación es fundamental, pero también lo es fomentar un clima laboral en el que los empleados se sientan apreciados y respetados. Un entorno donde los errores se vean como oportunidades de crecimiento y aprendizaje, y no como señales de fracaso. Esto es crítico porque los ciberataques no van a hacer más que perfeccionarse, y las defensas de las personas frente a ellos también deben ser flexibles.

Las empresas también deben asumir la responsabilidad del equipo y los procedimientos que proporcionan a su plantilla. El diseño de la tecnología debería priorizar la intuición y la facilidad de uso, con una excelente seguridad como consecuencia natural. Los sistemas fáciles de usar y seguros hacen que los empleados se sientan más confiados con su trabajo y evitan errores.

En lugar de concentrarnos en los errores cometidos, queremos tomarnos un momento para reconocer las innumerables ocasiones en las que las personas toman la decisión correcta. Un día exitoso es un día sin incidentes. Tratemos a los empleados de nuestras organizaciones con la dignidad y la gratitud que merecen. Puesto que son los hombros firmes que sostienen la seguridad de nuestra organización, no son el eslabón más débil.

A medida que nuestra comprensión de la seguridad de la información sigue evolucionando, es imprescindible reconocer que la tecnología es solo una parte de la historia. Cuando cuentan con los recursos y el apoyo adecuados, las personas pueden convertirse de verdad en heroínas en el campo de la ciberseguridad. Las empresas invierten mucho dinero en defensas tecnológicas como cortafuegos y cifrado, pero sin las personas estas tácticas son, en última instancia, inútiles. Los empleados conscientes, cautelosos y motivados son mucho más hábiles a la hora de detectar posibles amenazas, notificar actividad sospechosa e integrar los protocolos de seguridad en su jornada diaria.

Es crucial tener presente que cualquier solución tecnológica solo vale tanto como la cultura de seguridad ante todo de una organización. Una cultura donde se valora la ciberhigiene, los equipos colaboran para afrontar los retos de seguridad y la seguridad está integrada en las operaciones diarias puede reducir de forma significativa la probabilidad de incidentes. Celebrar sesiones de formación, ofrecer actualizaciones periódicas sobre nuevos peligros y promover un entorno de trabajo abierto en el que los empleados se sientan libres para notificar fallos o hacer preguntas son pasos cruciales para lograr este objetivo.

Las organizaciones tampoco deberían depender únicamente de la excelencia humana. En su lugar, la implementación de soluciones de seguridad por capas, como sistemas automatizados de detección de amenazas, marcos Zero Trust y herramientas de reacción en tiempo real, puede mitigar el impacto del inevitable error humano. Juntos, el esfuerzo humano y la tecnología ingeniosa crean un mecanismo de protección formidable, lo que demuestra una vez más que los empleados no son el eslabón más débil de una empresa segura, sino su columna vertebral.
